5/17/2014

VIVE SIN ANESTESIA

" VIVE SIN ANESTESIA"  
  
Dícese de un sujeto al que denominaron “el hombre anestesiado”. No tuvo una infancia del todo feliz. Sus padres se separaron siendo el muy pequeño. Su padre no lo tenía muy en cuenta y, cuando aparecía, lo trataba con agresividad. Su madre trabajaba muy duro y, entre el dolor por la separación y su cansancio físico, no se destacaba por la paciencia.
 
Nuestro protagonista sufría horrores por esta situación. Esperaba que su padre lo visitara más frecuentemente, o que jugara alguna vez con él. Las expectativas en relación a su madre eran muy básicas: un simple abrazo o una frase afectuosa.
 
Debido a lo insoportable de la situación, aprendió una estrategia de supervivencia: la anestesia afectiva. Se propuso modificar sus expectativas, reprimir su dolor y tomar distancia de sus padres. Sin haberlo considerado, este estilo se extendió hacia el resto de las personas. La anestesia funcionaba ante cualquier situación.
 
Su historia continuó y afortunadamente lo rodearon personas que lo querían. Amigos, esposa, hijos y compañeros de trabajo le demostraban a diario su afecto. Él no entendía por qué tenía tantas dificultades para expresar un simple “te quiero” o perderse en un fuerte abrazo. Cada tanto recibía algún reclamo del tipo: “No te dejas querer”, “La distancia que pones me lastima”, “¿Cuándo me vas a demostrar tu amor de una vez por todas?”.
 
Quedaba perturbado. No sabía, no entendía. Hasta que un día entendió. Se dio cuenta cómo se había convertido en el “hombre anestesiado”. Comprendió que su estrategia de supervivencia para la niñez y adolescencia se le había vuelto en contra. Se había protegido para no sentir más dolor, pero terminó alejando de cualquier tipo de sentimientos. Aún se había desconectado de las vivencias agradables. Ya no sentía nada.
 
Al darse cuenta, con mucho temor, decidió cambiar. No fue fácil. Se confrontó con sus miedos. Al quitar la barrera de la anestesia, tenía más chances de disfrutar las expresiones de amor, pero se exponía nuevamente a la posibilidad del  dolor. Alternaba entre momentos de conexión y momentos de anestesia. Aunque no fue sencillo ni rápido el cambio , logró desanestesiarse. Es cierto que estuvo más expuesto a nuevas heridas. Es cierto que debió confrontar con las viejas heridas. Pero fue tan increíble lo que disfrutó en ese contacto con los demás que se comprometió a no utilizar nunca más la anestesia afectiva como estrategia de supervivencia.
 
Amigo, vivir con intensidad no siempre es sencillo, pero es preferible a sobrevivir anestesiado. Deja de anestesiarte. Deja de vivir con miedo. Entrega tus emociones a Dios quien te creó como un ser emocional. Él no te hizo para que te conviertas en otro “hombre anestesiado”. Hay mucho amor dando vuelta por los alrededores y dentro tuyo como para desperdiciarlo.
 
Anónimo.

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