11/27/2014

Adviento

 

Adviento, tiempo hermoso de espera, para la venida de nuestro Senor Jesus, tiempo en que debemos estar preparados, para meditar, orar y pensar en la conversion, dejar atras todos los errores cometidos, en contra de Dios, de nuestros hermanos, y contra nosotros mismos, lo hermoso sentir nuestra conciencia, nuestro espiritud, limpios en paz, es sentirse libres, dispuestos a recibir a Dios en el pequeno Jesus, que nos trae la esperanza de la Vida Eterna, para cumplir la mision de derrotar la muerte, para tener derecho a esa Vida junto a Dios.

La palabra adviento viene del latín, ad- ventus, (venida, llegada). Hace pues referencia a la llegada de Jesús a este mundo, como lo habían predicho los profetas y se esperaba en todo el pueblo de Israel desde hacía muchos años.

Isaías ya había dicho ”Y saldrá del tronco de Jesé....” Ese Jesús esperado para aliviarlos y sacarlos de la esclavitud, un poderoso guerrero y victorioso general de los ejércitos que levantara a todo el pueblo contra el dominador.

Israel vivió su adviento durante los tiempos de dominaciones y esclavitudes, de luchas y desazones, cuando llegó no lo conocieron, pues esperaban una mano dura que rompiera todas las cadenas. Esas cadenas no eran visibles, estaban en el corazón. Les costó pues comprender el mensaje de Él porque como siempre queremos “ver”.

Es pues este tiempo para nosotros de limpiar nuestra casa a fondo, tirar lo que estorbe, dar de lado a sentimientos negativos y prepotentes, mirar en nuestro interior, escudriñar los entresijos del corazón y hacer limpieza general.

Tirar lo que no sirva, lo que nos hiera y obstaculice el camino, el miedo, las inseguridades, el rencor, la apatía, llenar el alma de amor hacia uno mismo y hacia los demás, espíritu de servicio, perdonar y pedir perdón, recuperar los sentimientos perdidos, llenarse de esperanza y de fe, agradecer cuanto se tiene, con todo aquello que dios nos ha bendecido, y nos sigue bendiciendo diariamente, a veces son cosas grandes, pero la mayoría de las veces pasan inadvertidas, la sonrisa de un niño, el perfume de una rosa...

Engalanar nuestra alma para esa bienvenida al Niño Dios, que brille en medio de los dolores y sufrimientos del mundo, poner en la vida alegría, humor, fuerza, empuje, acción… para que cuando llegue como todos los años podamos ofrecerle lo mejor que hay en nosotros mismos.

En nuestra casa decorar con motivos navideños el entorno, buscar la compañía de los seres queridos, acordarnos de los que partieron a un fin mejor y que otras navidades estuvieron dándonos su calor, acompañar a los más débiles y desheredados de la fortuna, compartir algo de lo nuestro con ellos… ¡Tenemos tantas cosas!

Siempre debemos acercarnos a Jesús, pero en estas fechas es cita obligada la renovación. Él siempre está junto a nosotros y cualquier momento es bueno para acompañarlo.

Buscar un sitio, meditar, rezar, encontrarnos cara a cara para poder hablarle y pedirle por los enfermos, la paz, las guerras, los sinsabores de la vida… ¡Hay tantas cosas por las que orar!

Dar, dar a cambio nuestra colaboración, ponernos a su disposición para lo que él quiera de nosotros, ofrecerle nuestras alegrías y nuestros sufrimientos, nuestros pesares y nuestros logros.

Reflexionar sobre nuestra vida, leer lecturas que alimenten la mente y el espíritu, mirar hacia atrás para no repetir los errores, para poder edificar sobre las ruinas de una vida pasada que no debe repetirse, tenemos que seguir adelante, amando, comprendiendo, ofreciéndonos… sí, ofreciéndonos tal y como somos sin caretas que desvirtúen los defectos, ser siempre íntegros y sinceros, mostrarnos al mundo con defectos y virtudes, reconocer la humanidad que hay dentro de cada uno para afrontando la realidad cambiar las actitudes que no benefician a nadie.

No malgastemos el tiempo haciendo sacrificios que no sepamos cumplir, es algo más sencillo, es amar, y amar es algo diferente, es olvidarse de sí mismo para darse, por eso decimos que amar es dar, es darnos a nosotros mismos y en esa entrega todo lo que hay en sí misma de bello, de generoso y algunas veces de egoísmo, de querernos mucho a nosotros mismos y nada a los demás, de mirarnos en el espejo y no ver nada, debemos ser un reflejo de caridad, de entrega generosa y sin objeciones, de perdernos para encontrarnos, y al hacerlo descubrir un ser más entero, más humano y a la vez divino, con más altos ideales, con proyectos grandiosos para salvar a la humanidad de las garras del mal, del enemigo, (hipocresía, egoísmos, avaricias...)

Cada año las fiestas que se vivan sean nuevas, como nuestro interior, al renovarse por dentro que se refleje a nuestro alrededor, que invada a los que nos rodean y llene todo de luz y calor, como las calles de la ciudad que cada año se adornan para recibir a ese niño que todos llevamos dentro, pero que tienen que crecer en madurez y sentido común.

El mundo un día amanecerá y dirá de verdad ¡ ha nacido Jesús !, y ese día no habrá dolor, sufrimiento ni lágrimas, será un universo feliz, compartido y brillará una luz nueva , la luz de la verdad , de las almas puras e incontaminadas.

Habrá pasado el tiempo de las tinieblas para aparecer el de la luz, saldremos de las madrigueras para pactar con el lobo y el león, el zorro será amigo, el hielo se disolverá, el calor, el calor de los seres humanos aflorará y se esparcirá por el ambiente llenándolo todo de un agradable ambiente, contagiando de esperanza y de paz.

Josefina F. Jiménez Laguna

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